IB students get Gold and Silver on the Philosophy Olympiad

The post must begin with the “Philosophy victory jump” which seems to be a tradition now at St Peter’s School!

Our IB students, Rachel Sánchez and Sarah Delgove got on the podium for the second time in a row. This year at the Catalunya Philosophy Olympiads, they were given this premise “Can reality become appearance in the current world?” to write an essay.

Without further ado, here is Raquel’s winning essay:

“¿Puede la realidad convertirse en apariencia en el mundo actual?”

Me despierto cada mañana sobre la misma hora. Tras ignorar el zumbido infernal de mi alarma durante diez minutos me logro despegar de las sábanas. Es una tarea ardua, pero lo peor siempre llega después.

Será mejor que me explique. Mi habitación tiene una pared cubierta enteramente por un espejo, y es ahí donde residen mis problemas. Siempre cruzo miradas con mi reflejo. Siempre me siento bajo ataque. La razón es simple: desconozco quien goza del privilegio de ser real. Actualmente me decanto por pensar que ni yo ni mi reflejo lo somos. Dudo de la existencia de nuestra realidad, y eso es muy deprimente.

Fue tras una de estas batallas que trabajamos el mito de la caverna en clase. Fue algo desalentador, pero vigorizante al mismo tiempo: tomamos conciencia de nuestra condición de esclavos a la vez que del método que nos ha de liberar.

Era algo muy sencillo en la teoría: vives bajo un torrente de apariencias, y lo que puede salvarte del ahogamiento es la razón. Como un bote salvavidas, quizás, la razón lograría sacarnos del engaño que son esas sombras proyectadas en la pared de la caverna.

No soy quien para aclamar que Platón está o no equivocado. Pero he de mencionar que la aplicación de la teoría a la práctica es algo complejo y lleno de obstáculos. Y este caso no es menos.

La lista de problemas es larga: ¿cómo sabemos que hemos alcanzado la realidad? ¿Sonará algún tipo de alarma anunciándolo? ¿Será la conquista del exterior de la caverna total, o nos refugiaremos bajo algunas sombras que nos proporcione la caverna?

No son preocupaciones que se puedan desestimar así como así, y mucho menos en el mundo actual; en un mundo donde la masificación de la información nos ha atrapado bajo un incontrolable torrente de ésta. Simplemente ya no sabemos qué creer que es real. No sabemos si se nos ha impuesto una apariencia bajo el nombre de realidad, o si se nos ha hecho despreciar una realidad condenándola como apariencia. Es el fiasco de que el tabaco no causa cáncer elevado al cubo.

En un mundo donde luchamos constantemente por imponer la propia realidad, la razón, bajo mi punto de vista, no tiene el poder para liberarnos totalmente de todo esto. Los problemas expuestos me permiten afirmarlo.

Se notará mi uso de “la propia realidad” ahí arriba. No es accidental, y prometo que tiene relevancia en mi respuesta a la pregunta de la disertación. Me dejo de preámbulos y les dejo con lo que implico en ese sintagma: no podemos acceder a una realidad universal, y cada cual goza de la suya propia.

Suena esto a relativismo, pero permítanme sacarles esa noción en este breve inciso. No defiendo que por el hecho de que cada cual goce de su propia realidad todas sean igual de válidas. Me niego a aceptar que he de respetar a alguien que dice que el cambio climático no existe porque “es su opinión”.

Lo que yo propongo es herencia de Nietzsche, con todas las implicaciones que tiene respecto a la pregunta inicial. Es el perspectivismo en su estado más puro; la aproximación a la realidad mediante la acumulación de perspectivas ajenas (o la “realidad de la que cada cual goza” que antes mencionaba).

Esta decisión, junto a mi afirmación de que “no existe una realidad universal” se basan en la doble metáfora de este mismo filósofo. Al fin y al cabo, ¿cómo esperamos acceder a una realidad universal cuando jamás conocemos las cosas en sí? Accedemos a las cosas bajo dos capas: la de nuestra percepción sensorial y la de nuestra interpretación de esta. Y esto es humano, quizás demasiado, pero la humanidad es nuestra naturaleza.

Voy a listar las implicaciones de esto, y, de paso, dejaré de insinuar mi respuesta a la pregunta inicial para darla firmemente.

Afirmar que no podemos acceder a la realidad y que nos hemos de conformar con batallar por acumular las mejores perspectivas nos deja con un panorama desalentador: vivimos en un mundo de imágenes superpuestas unas encima de otras, sin poder llamara ninguna realidad universal. Si no podemos acceder a la realidad, ésta, en teoría, no puede convertirse en apariencia.

Sin embargo, es la propia naturaleza de cómo podemos acercarnos más a la realidad que me hace modificar una pizca esta afirmación. No es que la realidad pueda o no convertirse en apariencia, es que, para nosotros, la realidad ya es apariencia.

Queda esto algo ambiguo, así que permítanme aclararlo: al quedar la realidad a la que podemos acceder subyugada al juego de perspectivas, podemos atrevernos a afirmar que para nosotros la realidad es perspectiva. Añadir a eso que normalmente llamamos a las perspectivas “lo que a ti te parece” (o se aparece) me permite extrapolar esa afirmación. Es mucho más exacto decir, sin duda, que para nosotros la realidad es perspectiva.

Podrán echarme en cara el mismo ejemplo que yo daba antes; que los gritos de que el tabaco no causaba cáncer eran un ejemplo de transformación de la realidad en apariencia. Sin embargo, tal como yo lo veo, es algo diferente. No es un intento de obtener apariencia a base de realidad, sino un intento de imponer una perspectiva, todo motivado por los posibles beneficios que se pudieran obtener. Es el juego que mejor se nos da a los humanos, el intentar imponer nuestro poder. Un juego, de nuevo, humano. Demasiado humano para mi gusto.

Raquel Sánchez